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Mi gran tele griega

11/03/2010

Nia Vardalos y las cariátides griegas

Nia Vardalos y las cariátides griegas

Viajar le sirve a uno para desconectar y para descubrir nuevas culturas, ciudades y modos de vida. Pero, en ocasiones, también provoca un interés añadido. A mi me picó la musa griega de la curiosidad hace unos días tras mi visita (turística) a Atenas. El caso es que tras vagar por esta capital europea, hoy más que nunca en el punto de mira por cuestiones económicas (y nosotros, detrás :S), estuve reflexionando sobre el peso de lo greek en la televisión (americana).

Si nos paramos a pensar en dicha presencia en el panorama televisivo, de manera superficial se extrae poca sustancia (por no decir casi nada). Hay que excavar un poco en las ruinas, porque  el cine nos sirve de fuente de sabiduría. No obstante, antes de todo, no podemos olvidar que nuestro imaginario se ha construido a base de los típicos elementos con los que asociamos lo griego: la mitología, las islas (con Santorini a la cabeza), la buena comida, el clima mediterráneo, ¡opa!, Zorba, el griego, nombres terminados en –oulos, -akis, -tatis, ¡joroña que joroña! (kronia kai kronia), tirar platos en las celebraciones, el yogur griego (de Danone y el macho men), etc.

Son numerosos los elementos estereotipados que conforman el código de representación de lo griego, que por negativo que sea, ayuda al reconocimiento dentro del público receptor en el resto de países.  Desde siempre, ésta ha sido la opción elegida por el audiovisual americano para narrar cualquier tipo de historia extranjera. Y estas claves utilizadas, al abogar por la simplicidad de la construcción, funcionan a la perfección. Son bien acogidas por una audiencia que no hace más que alimentar el gusto por la representación con estereotipo de fábrica.

Mi gran boda griega

Pero no nos vayamos por la tangente: dentro del universo helénico,  1, 2, 3…responda otra vez: Obras que están relacionadas con Grecia: Fácil, Mi gran boda griega. 2002 fue el año del bombazo de esta película que recoge ese gusto por el estereotipo para llevarlo esta vez hasta el terreno de la comedia. Por recordar, la película trataba sobre las aventuras de Toula Portokalos, una solterona madurita obligada, valga la redundancia, a buscar un griego con el que casarse por el rito griego para vivir en una casa decorada a lo griego como un buen griego elegiría. Para liar aún más la cosa, Toula termina enamorándose de un americano (John Corbett, Aidan, uno de los novios de Carrie en Sex and the City, y el padre de esa familia desequilibrada en United States of Tara). Finalmente, a regañadientes, el hombre deseado por la protagonista conseguirá ser aceptado en el seno de una familia demasiado cerrada en el universo griego.

El éxito de esta historia desternillante hay que atribuírselo, sin duda, al alma  del filme: Nia Vardalos. Antes del éxito del filme (con múltiples nominaciones y premios a nivel internacional), Vardalos se había curtido como monologuista cómica en clubes norteamericanos y como actriz en cadenas como la HBO, especialmente gracias a su breve participación en Curb Your Enthusiasm. Y parece que el mundo de la tele le gustó, porque la CBS se aventuró a trasladar el filme a la televisión. Así, en 2003, nacía  My Big Fat Greek Life, serie de risas enlatadas de unos 20 minutos que retomaba la historia justo en el punto donde se quedó el largometraje. Pero este proyecto tan ambicioso cayó por su propio peso (los dioses griegos así lo decidieron tras ver esa estética cutreochentera de la típica sitcom que por defecto no se preocupa por modernizarse). La serie no fue renovada y sólo tuvo una temporada tras los malos datos de audiencia. Es extraño, pero lo que te funciona en una película no tiene que funcionar obligatoriamente en la caja tonta. Y éste puede ser un ejemplo de libro.

Vardalos lo intentó nuevamente en el cine, sin olvidarse del gusto por la televisión de cable y por compañeros dentro del medio, en filmes (recibidos con poco entusiasmo por la crítica) como Connie and Carla (con la gran Toni Collette –qué ganas de que regrese United States of Tara– y David Duchovny), My Life in Ruins (con presencia de las españolas María Adánez y María Botto) o I Hate Valentine’s Day (repitiendo nuevamente con John Corbett que, por compromisos profesionales, no pudo actuar en la serie de la CBS antes mencionada). Ahora la actriz anda un poco desaparecida… Es una pena, porque siempre pensé en Vardalos como una especie de Tina Fey a lo light: mujeres que se lo guisan y se lo comen. No sé si el gen griego tendrá algo que ver por esas tierras hollywoodienses

Y es que en este mundillo de las pantallas made in USA parece que nadie es cien por cien nada. EE.UU. se conformó ya desde sus orígenes como una mezcla de nacionalidades, algo que se denota mucho en sus actores de cine y de televisión. En el tema que nos interesa, ¿quiénes tienen sangre griega por ahí esparcida?

J. Aniston, Z.Galifianakis y E.Perkins

Sorprendentemente (o no), estrellas muy conocidas: Rita Wilson, esposa de Tom Hanks y productora de muchos de los filmes en los que ha intervenido Vardalos; Jennifer Aniston (su padre, el actor John Aniston, decidió cambiar el Anastassakis por Aniston, que vendía más); Elizabeth Perkins, cuyo apellido es, en verdad, Pisperikos; Tiffani Thiessen, la mítica Kelly de Salvados por la campana que ha encontrado trabajo estable en White Collar Zach Galifianakis, elegido uno de los cómicos del año y que tras The Hangover, interpreta al mejor de amigo de Jonathan Ames en Bored to death; el guaperas de John Stamos; Betty White, mi chica de oro preferida;  Mena Suvari… Y la lista sigue, pero no quiero la lectura de esta entrada se convierta en toda una odisea griega.